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Los mejores discos de metal de 2018



 La gente en general suele escuchar música para entretenerse y recrearse en lo conocido. Esto es algo que ocurre en casi todos los géneros, y es lo que explica que los discos más valorados de este año en el ámbito del metal sean refritos de black metal simplificado, hardcore o indie rock disfrazados o versiones retro de grupos mucho más antiguos, desde el stoner hasta el slam. Para los que apreciamos el metal como arte, esto no es suficiente, y los únicos álbumes nuevos que puedan sorprendernos son aquellos que se desmarcan de lo habitual y exploran nuevos terrenos en lugar de mantenerse dentro de la comodidad de las respectivas convenciones, siempre respetando o al menos reconociendo la tradición dentro de la cual se enmarcan. Naturalmente no podemos (ni queremos) abarcar todo lo publicado durante el año, sino únicamente aquello que nos ha llamado la atención de una forma u otra.

 Nuestra selección de favoritos de este año es especialmente variada, y en ella están representados casi todos los subgéneros, de una manera u otra, con unos cuantos híbridos dignos de atención. Al igual que el año pasado, nos ha parecido de recibo incluir un segundo apartado con todos aquellos títulos que, sin ser a nuestro juicio obras redondas ni sobresalientes, sí presentan una o más virtudes que los hacen merecedores de un par de escuchas, aunque sea sólo como ejercicio analítico. A diferencia de 2017, este año las publicaciones de interés han sido más numerosas, y aunque muchas de ellas sean más excepciones que otra cosa dentro de un panorama fundamentalmente anodino y estéril, constituyen testimonios fieles del espíritu irredento, salvaje y feral del metal que aún vive en nuestros días.


Discos destacados de 2018


     

 Cóndor - El valle del Cóndor (La Caverna Records) 

 Casi a finales del año nos llega el cuarto álbum de Cóndor, que a estas alturas son ya una formación consolidada tanto en términos de plantilla como de sonido y estilo. Este nuevo disco, a diferencia de sus predecesores, no se aventura en terreno desconocido y permanece dentro de fronteras estilísticas con las que el grupo se siente visiblemente cómodo. Esto redunda en una fórmula mucho más asentada, que troca experimentación por solidez, y en un primer momento desconcierta por ser mucho más suave y amable de lo que cabía esperar. En lugar de metal con influencias del rock progresivo, esto suena a prog rock metalizado, a lo que se suman rasgos de blues y, sobre todo, de folk rock, lo que confiere levedad pero también fluidez. Salta a la vista un esfuerzo de concisión notable, con canciones más cortas que de costumbre y una importante presencia de interludios, que lejos de resultar dispersos comparten una firme cohesión estética. La temática es aquí algo opaca por ser específicamente colombiana, aunque quizá lo que más cuesta asimilar es la falta de conflicto y agresión, hasta que uno se acostumbra y empieza a valorar lo que el grupo trata de hacer por encima de las propias expectativas. Llegados a ese punto, esta amalgama de estilos viejos convertidos en algo nuevo desvela toda su fuerza creativa, que dista de ser poca.


     

 Cromlech + Infamous - Hammer of Triumph (Eremita Produzioni)  

 He aquí un compartido de lo más curioso, que con tan sólo 12 minutos de duración encierra música de gran interés por parte de dos de las formaciones más relevantes de los últimos años, cada una en su propio ámbito. En las tres canciones que componen este split, cada grupo intenta acercarse al sonido característico del otro, adoptando más o menos sutilmente algunos rasgos que aportan influencias positivas: más aspereza y concisión en el caso de Cromlech, y una curiosa variante más colorista y heavy metal por parte de Infamous. Este exitoso experimento supone una superación de la casi siempre rígida compartimentación de los estilos metálicos e ilustra bien la manera tan abierta de entender el metal que muestran las dos formaciones, una de las razones por las cuales ambas figuran entre los grupos más relevantes de la década actual.


     

 Drawn and Quartered - The One Who Lurks (Krucyator Productions) 

 Retomando lo formulado en su último disco, Feeding Hell's Furnace, publicado hace nada menos que seis años, este infravalorado grupo de Seattle da un paso más allá en su death metal cromático y minimalista, pero sólidamente estructurado, para incorporar solos de guitarra, melodías y giros más coloristas que, lejos de desentonar con la fórmula de base, adornan e impulsan un conjunto con la misma intensidad de siempre. Esto no quiere decir que la música haya dejado de ser death metal de la vieja escuela, directo y pesado, pero las canciones que aquí pueden oírse comparten una nueva estética unitaria que las distingue de obras anteriores, haciendo que adquieran relevancia y novedad dentro de un estilo conocido. Para quien no lo supiera aún, Drawn and Quartered dejan claro que son artesanos del metal underground y partidarios de la mejor escuela conservadora que, desde Motörhead hasta Cianide, proporcionan siempre más de lo mismo pero en una mejor versión, más potente, más rápida y mejor ejecutada, cosa que los fans no podemos sino celebrar y disfrutar.


     

 Espiritismo - Al Responder de los Muertos (Sons of Hell Prod.) 

 Aunque viera la luz a finales de diciembre de 2017, no tendría sentido dejar fuera de esta selección un disco tan señalado como este tan sólo por un puñado de días. En su segundo álbum largo, los argentinos Espiritismo afinan su sencillísima fórmula de raw black metal tradicionalista con temas largos y diáfanos que consiguen una increíble variedad mediante la simple manipulación de ritmos e intensidades, sin necesidad de complejas transiciones ni elementos importados. Lo que canción por canción podría resultar excesivamente sencillo y limitado adquiere un significado completo al considerar la obra en su conjunto, que se revela como un todo completo y diverso de gran poder expresivo. La atmósfera áspera y austera, acorde con la pureza del enfoque, es el soporte perfecto para unas voces que declaman en castellano conjuros mágicos de invocación a los espíritus, que no son sino fiel reflejo de lo que transmite la propia música, oscura y convincente, de esta formación porteña tan auténtica y entregada como radicalmente independiente.


     

 Kever - Primordial Offerings EP (Autoeditado) 

 Cuatro años después de su fantástico primer EP, los israelíes Kever regresan con una continuación que supera todas las expectativas, como ya se confirma desde la espectacular intro íntegramente instrumental, una rareza a estas alturas. El grupo sigue cultivando un death metal sólidamente anclado en la vieja escuela americana de las formaciones más virtuosas, sumando a su enfoque personal de antes una mayor variedad formal que incluye solos perfectamente ubicados y ejecutados así como un uso estratégico de los sintetizadores para potenciar el efecto épico allí donde hace falta, un recurso que apunta a influencias más recientes, como Cruciamentum. Cada una de las canciones está primorosamente hilada y estructurada, rezumando personalidad y destreza, y manteniendo una duración global que no llega a la media hora, en un EP compacto y sucinto muy superior en calidad y contenido a la gran mayoría de álbumes contemporáneos de death metal que duran el doble. Con epés así, ¿quién necesita álbumes largos?


     

 Mørketida - Panphage Mysticism (Werewolf Records) 

 El debut de este desconocido grupo de la Finlandia profunda nos trae un black metal lento y cadencioso, con escaso desarrollo formal, que no obstante sabe aprovechar las técnicas clásicas para generar algo propio y característico. Bebiendo del primer black metal europeo, sobre todo griego y checo, su estilo arcaizante consigue desmarcarse de sus influencias tanto por la producción densa y potente, que apuesta por el aspecto rítmico por encima del melódico, como por una atmósfera muy lograda que no se debe tanto a la afinación o la ingeniería de sonido como a un método de composición sencillo pero eficaz que utiliza sutiles progresiones lentas y repeticiones hipnóticas para envolver al oyente en su hechizo. La sorprendente variedad de formas dentro de sus limitaciones estilísticas y el hecho de que la música no canse pese a ser prácticamente instrumental, con una voz muy discreta que está ausente la mayor parte del tiempo, terminan de redondear un disco sin pretensiones que acaba resultando persuasivo e irresistible.


     

 Nachtlieder - Lynx (Nigredo Records) 

 Este disco de portada tan hermosa como inusual es el tercer álbum de una one-woman-band sueca que por fortuna no tiene tanto que ver con la impostura comercial de Myrkur como con un proyecto personal más auténtico y sólido como es Witchblood. La música es un black metal agresivo de riffs cromáticos al estilo de los clásicos noruegos, con una cadencia y una melancolía propias de la música tradicional nórdica. A pesar de los toques modernos en la grabación y la producción, el contenido sabe valerse de las convenciones del género para esbozar un lenguaje propio dotado de una atmósfera atractiva, giros dinámicos y una ejecución potente. En esencia, Lynx no presenta nada novedoso ni revolucionario, pero eso tampoco es algo que se eche de menos; las canciones que incluye son suficientemente distintas entre sí, manteniendo una misma estética sencilla y solvente, lo que garantiza una escucha gratificante.


     

 Necromaniac - Subterranean Death Rising EP (Iron Pegasus) 

 Desde un lugar tan improbable como la capital de la pérfida Albión nos llega una de las obras más impactantes del año. En su EP de debut, esta formación prácticamente nueva, aunque integrada por músicos que acumulan una vasta experiencia, exhibe un perfecto manejo de los estilos antiguos para crear una fórmula nueva llena de vida y poder. Proto-black, speed metal ochentero y las estructuras laberínticas del death clásico se funden en el mismo crisol, dando forma a un estilo propio sólido y cortante como el acero de aleación. La brevedad que conlleva un formato menor como es el EP juega aquí en su favor, ya que estos impresionantes 12 minutos, en los que hay sitio para reiterados asaltos frontales, meandros tortuosos e inesperados intervalos de un misticismo exaltado, y en los que no sobra absolutamente nada, dejan un poso intenso e indeleble con el que pocos discos de este año pueden rivalizar.


     

 Siete Lagunas - I & II (La Caverna Records) 

 Siete Lagunas es un proyecto paralelo de los siempre inquietos guitarristas de Cóndor, que en esta ocasión desarrollan un black metal experimental sin límites en cuanto a la libertad para mezclar sonidos y elementos dispares. Esta publicación incluye las dos primeras demos de la formación, muy distintas entre sí a pesar del escaso lapso temporal entre ambas, y resulta muy interesante comparar la vocación naturalista y casi folk de la primera con el black metal crudo y profundo de la segunda. La producción precaria y los efectos ambientales caseros, lejos de ser defectos, adquieren aquí una dimensión de autenticidad que encaja a la perfección con la idea de mutabilidad y movimiento difuso que se desea expresar, la imagen de un viaje a través de parajes diversos vislumbrados entre las brumas de los bosques o la oscuridad de la noche. Tal vez la propuesta no sea del agrado de todo el mundo, pero su originalidad es tan manifiesta como su riqueza y ambición.


     

 Solstice - White Horse Hill (Invictus Productions) 

 Veinte años han pasado desde el último larga duración de este longevo grupo inglés, y no pocos de ellos han sido empleados en crear y pulir la música contenida en este nuevo disco, que presenta una mezcla de doom metal al estilo Candlemass con fuertes influencias del folk británico de los sesenta y setenta, todo ello aderezado con un sonido fresco y remozado que hace que los géneros añejos antes mencionados respiren con vigor juvenil. El álbum está compuesto esencialmente por tres temas largos, aunque los interludios que gravitan a su alrededor son tan elaborados que cabe hablar de canciones en toda regla. El vocalista despliega un chorro de voz impresionante, que tal vez cargue a más de uno acostumbrado a oír exclusivamente rugidos del averno, pero no se nos debe olvidar que en el ámbito del heavy tener un buen cantante es un requisito irrenunciable. Tanto los sucesivos riffs como las distintas secciones están estructurados de manera magistral, con variaciones constantes que hacen que nada se repita si no es mucho después, lo que redunda en un dinamismo absoluto y realza una fórmula ya de por sí poderosa y evocadora a un tiempo, de una asombrosa singularidad.


     

 Trenchant - Martial Chaos (Autoeditado) 

 Esta grabación de sólo tres canciones es la primera maqueta de un grupo que cabría calificar de joven por la brevedad de su existencia, aunque no en base a la edad de sus miembros, ya que todos ellos provienen de formaciones de renombre dentro de la escena black/death tejana, con muchos años de actividad a sus espaldas. Su música es un death metal crudo y sencillo, que podría describirse como una versión reposada de Angelcorpse, con influencias de otros grupos algo menos obvios, como los noruegos Molested. Sin ningún rastro de virtuosismo ni intención de innovar, Trenchant logra destacar no obstante debido a su claridad compositiva y capacidad de estructuración de los elementos de cada canción para conseguir piezas perfectamente centradas y organizadas, que se dejan escuchar y disfrutar una y otra vez. Por otra parte, su independencia y libertad a la hora de mezclar influencias y combinar rasgos estilísticos diversos es muy loable, y abre la puerta a futuras grabaciones que podrían ser tan conseguidas como sorprendentes.


     

 Varathron - Patriarchs of Evil (Agonia Records) 

 Los veteranos de Ioánina regresan cuatro años después con otro fantástico trabajo de black metal griego en el que las clásicas melodías de guitarra y ritmos a medio tiempo, con profusión de teclados y punteos, se funden con nuevas influencias más recientes para conformar un sonido “modernizado”, en el mejor sentido del término. A diferencia de lo que podía escucharse en Untrodden Corridors of Hades, donde todas las canciones brillaban con luz propia, existe aquí una clara diferencia entre los tres primeros temas y el último, todos ellos sobresalientes, y los situados entremedias, que no están al mismo nivel, lo que da como resultado un disco excelente pero no uno soberbio como lo fue su predecesor. No obstante, tanto la logradísima atmósfera, que evoca a la perfección y por la vía estrictamente musical un antiguo culto esotérico, como la interpretación versátil y apasionada del vocalista, probablemente la mejor que ha efectuado hasta la fecha, son razones suficientes para no dejar pasar una obra solvente y altamente disfrutable.


     

 Zealotry - At the Nexus of All Stillborn Worlds (Unspeakable Axe) 

 En este tercer episodio de su excepcional singladura, los estadounidenses Zealotry consiguen profundizar y optimizar la técnica desarrollada en su disco anterior, más centrado que el primero pero también menos complejo e inventivo, permitiendo que la sistematización llevada a cabo en el paso intermedio sirva como fuente de riqueza musical en lugar de constreñimiento formal. La instrumentación es fabulosa, con unas guitarras que hacen virguerías fascinantes y un bajista fuera de serie, todo ello dosificado en su justa medida, al igual que los demás recursos, para lograr el efecto adecuado sin saturar en canciones concisas y compactas que siempre saben cuándo acabar. El despliegue de habilidad técnica que aquí se muestra, lejos de ser vano exhibicionismo, se mimetiza con el carácter disonante y perturbador de la música para expresar la idea de desconcierto y desasosiego cósmicos que parece obsesionar al grupo. Al pulir su propia fórmula y desarrollarla formalmente, Zealotry ha ascendido, por la vía más difícil y meritoria, a ese nivel superior de expresividad, concisión y efectividad al que apuntaban los pronósticos más favorables.



Discos dignos de mención


 Abhor - Occulta Religio (Iron Bonehead) 

 Esta veterana formación paduana se marca un nuevo álbum fiel a su estilo, consistente en mezclar el black metal solemne y tenebroso que exhibía Graveland en Carpathian Wolves con la música de órgano de iglesia que se oye en las películas de terror, alternando chillidos infernales con invocaciones de acento exótico. La música está literalmente inundada de teclados, lo que la hace un tanto repetitiva pero totalmente envolvente y cautivadora. En comparación con Ab Luna Lucenti, Ab Noctua Protecti, su disco de 2011 que comentamos en este mismo espacio, Occulta Religio tiene un toque marcadamente gótico, no tanto debido a las resonancias eclesiásticas como por las claras influencias del death rock, que no estaban tan presentes en álbumes anteriores y otorgan aquí un nuevo enfoque, no precisamente novedoso pero sí interesante. Aunque la fórmula sea sencilla y resulte muy familiar, a estas alturas el grupo sabe perfectamente lo que hace y le sale muy bien, con canciones variadas y compactas en las que hay sitio para el misterio, la belleza y una maldad oculta siempre acechante.


 Blasphemous - Emerging Through Fire (Horror Pain Gore Death) 

 Catalogado en todas partes como “melodic black/death metal”, la música de este grupo oriundo de la costa este de EE. UU. es en realidad un power metal acelerado con influencias del black y sobre todo el death metal, un híbrido parecido a Bestial Mockery pero mucho más heavy. Su apariencia inicial es la de un batiburrillo, pero uno muy logrado, que en sus canciones breves y dinámicas realiza una reelaboración potente y efectiva de estilos archiconocidos. Las voces al estilo punk hardcore, perfectamente inteligibles, no desvirtúan una fusión que reivindica la fuerza de distintas variedades del metal sin traicionar ni pervertir la autenticidad de las mismas, en un disco que sigue agradando tras múltiples escuchas.


 Corpsessed - Impetus of Death (Dark Descent) 

 Impetus of Death es el segundo disco de los finlandeses Corpsessed tras un debut (Abysmal Thresholds) que pese a no inventar nada resultaba muy sólido y convincente, siendo uno de los exponentes más destacados hasta la fecha de la variante de death metal que se ha dado en llamar “cavernoso”, creada originalmente por Incantation y resucitada más recientemente por los griegos Dead Congregation. Al igual que ocurre con el disco de House of Atreus comentado más adelante, este nuevo álbum es potente y está bien armado, pero su empeño por calcar milimétricamente a su predecesor lo hace incapaz de exhibir una personalidad propia. Además, desgraciadamente aquí no hay rastro de esos momentos estelares que se oían en su debut, en los que la tensión atmosférica alcanzaba cimas muy superiores a la miríada de formaciones que han trabajado este estilo durante el último lustro. Lo que hay es una escucha bastante decente, pero sin llegar a ser demasiado especial.


 Cosmic Atrophy - The Void Engineers (Autoeditado) 

 Este extraño grupo sacudió en 2008 la escena death metal con Codex Incubo, un disco tan sorprendente como inesperado, que retomaba la herencia de Timeghoul en una época en la que nadie más se acordaba de aquella formación, antes de caer rápidamente en el olvido sin llegar a publicar un esperado e incluso anunciado segundo disco. Diez años después, su artífice principal, Cory Richards, vuelve con un nuevo álbum, acompañado en la empresa por Phil Tougas, que con esto suma su presencia en el único grupo de death metal de terror cósmico que se le escapaba, además de Zealotry y Chthe'ilist, este último fundado por él mismo. Más que una continuación, The Void Engineers suena como una remodelación del estilo original de Cosmic Atrophy, que gana en complejidad y ambición pero al mismo tiempo pierde en agresividad y concisión. La sobreabundancia de shredding que inunda este disco es verdaderamente impresionante y digna de ser oída, pero este virtuosismo satrianesco desestabiliza el equilibrio compositivo y hace que se pierda el enfoque, sobre todo en las canciones más extensas, dejando un conjunto ciertamente deslumbrante pero un tanto descompensado.


 Faustcoven - In the Shadow of Doom (Nuclear War Now!) 

 Seis años después de su último trabajo, y con la seguridad que otorga una larga preparación, este ecléctico grupo noruego vuelve a la carga con un nuevo título en el que plasma de nuevo su obsesión por las películas de terror antiguas y sus ambientes macabros y sugerentes. Esta vez el estilo es más metal que en Hellfire and Funeral Bells, su disco anterior, que en esencia era una aproximación al blues desde el doom metal. Lo que aquí se oye, en cambio, es un doom extremo, entre melódico y solemne, con diversos préstamos estilísticos de las distintas variantes del metal, lo que redunda en una mayor energía y acción, a pesar de que ninguno de los recursos empleados podría calificarse de novedoso. Los ritmos son muy atractivos, y suenan cadenciosos y potentes, desmarcándose de la habitual indolencia del doom. Mucho más sofisticado y trabajado que la mayoría de propuestas de este tipo, la virtud de este álbum estriba en saber ver más allá de la encorsetada separación entre géneros, pero su defecto es contentarse con saltar de uno a otro sin terminar de definir una fórmula concreta y distintiva.


 Goath - II: Opposition (Ván Records) 

 Este grupo alemán de reciente aparición saca todo el partido posible al war metal del que parte para ofrecer, mediante un sorprendente dominio de los tiempos y las transiciones, una variedad de ritmos y formatos de canciones impensable en la mayoría de formaciones con las que comparte género. Por desgracia el acervo estilístico es muy limitado y la gran flexibilidad formal no logra paliar la falta de textura y expresividad de un planteamiento que, se mire por donde se mire, no deja de ser un asalto frontal y poco más que eso. La destreza instrumental y compositiva que aquí se despliega bien merece un par de escuchas, pero sin un poco más de margen para una profundidad expresiva o una hondura épica (o las dos cosas, como consiguieron Heresiarch), la empresa no llega tan lejos como cabría desear.


 House of Atreus - From the Madness of Ixion (Iron Bonehead) 

 Tres años más tarde, aquí llega la continuación del debut de este grupo estadounidense que tanto nos agradó en su momento. El estilo es exactamente el mismo que entonces, una mezcla del speed metal airoso y animado, apuntalado por sublimes riffs melódicos, propio de Arghoslent, con influencias del death metal sueco que aportan fluidez pero también convencionalidad. Precisamente en esa semejanza reside el problema, ya que estas canciones, por lo demás sólidamente construidas e interpretadas con soltura y convencimiento, son demasiado parecidas a las del primer álbum, que ya de por sí era un calco modernizado de los mencionados Arghoslent, pero calco a fin de cuentas, lo que quizá no reste enteros a la impecable factura de la música, pero sí a su interés y relevancia en términos más amplios.


 Into Oblivion - Paragon (Autoeditado) 

 Después de unos cuantos años de preparación, esta formación canadiense hermanada con Cromlech saca nuevo disco, el tercero en su haber, en el que practica un death metal básico con influencias del black metal y un estilo "progresivo", en el sentido de que las composiciones son extensas y variadas. Aunque su estética en términos musicales sea propia y absolutamente distintiva, el método de ejecución flojea debido a temas excesivamente largos en los que la tensión que se intenta generar acaba por perderse al ser estirada en exceso. La forma de presentar los riffs y hacerlos variar en calidad de motivos, a la manera de la música clásica, es ciertamente original y muy eficaz, pero las estructuras son tan lineales y los ritmos tan redundantes que las canciones acaban resultando planas, sin nada que sacuda o sorprenda. Un formato de 8 a 12 minutos es más que suficiente para armar toda una sinfonía metálica, como ya demostró S.V.E.S.T. en su magnum opus, y aquí haría falta un poco de variedad y concisión para que este material se convirtiera en algo tan bueno como las últimas publicaciones de Cromlech.


 Master's Hammer - Fascinator (Jihosound Records) 

 Nuestros checos favoritos han sacado disco nuevo en la misma onda explotada desde su reunión en 2009, obteniendo esta vez un óptimo resultado, con canciones más redondas y memorables. El estilo es comparable al de los álbumes más recientes de Samael, es decir, rock duro electrónico a lo Rammstein, pero sin el manifiesto afán comercial que caracteriza a esos dos grupos. Pese a seguir también estructuras convencionales propias del pop (temas breves con estrofa-puente-estribillo), Master's Hammer se distancia de ambos por el uso de arreglos grandilocuentes, recursos pomposos pero efectivos, como timbales y coros en falsete, y por la rareza de los temas escogidos para las letras, escritas en el impenetrable idioma checo, que añade más exotismo a lo que ya de por sí es bastante peculiar. Poco queda aquí de black metal en sentido estricto, aunque lo cierto es que el grupo nunca ha sido estrictamente metal casi desde sus comienzos. Compuesta por un cenáculo de señores mayores que desde hace años autoeditan sus obras, la excentricidad que rezuma esta formación, lejos de ser calculada o impostada, es un rasgo característico fundamental que explica, junto a su habilidad compositiva, la originalidad y pertinencia de este álbum.


 Satan - Cruel Magic (Metal Blade) 

 He aquí el tercer disco de este viejo grupo ochentero tras su reunión en 2011, que proporciona una nueva dosis de proto-speed metal imbuido del sonido y el espíritu de la NWOBHM, en una variedad local de primitivo thrash metal que quedó rápidamente eclipsada por el fulgor de la escena de la Bay Area antes de haber podido desarrollarse por completo. A pesar de las apariencias, esto no es un álbum retro ni tampoco el típico producto actual y redundante de los grupos de los ochenta, en realidad es una continuación de aquello que Satan podría haber hecho en su momento de no haber desaparecido de la noche a la mañana a finales de los ochenta. Nada de lo que aquí puede oírse sorprenderá a quien esté familiarizado con el metal inglés de la época clásica, pero las canciones están tan bien hechas y suenan tan bien, adscritas como están a un estilo atemporal puro y sin pretensiones, sin necesidad de lavados de cara y producción para resultar atractivas (como Hell) ni de recomposiciones de obras más antiguas con finalidad comercial (como Judas Priest en su disco de este año), que pueden disfrutarse inmensamente por lo que son, sin verse uno obligado a especular con hipotéticas evoluciones o modernizaciones que probablemente no aportarían nada positivo.


 Sorcier des Glaces - Sorcier des Glaces (Obscure Abhorrence) 

 Todo fan del metal teme que llegue el día en el que su grupo favorito, ya en la madurez de su carrera, saque un disco homónimo, con todo lo malo que ello suele conllevar. Por fortuna, esto no es un "black album" al uso, pero sí hay algunos indicios de que la cumbre estilística que hace dos años supuso North estableció un techo artístico muy difícil de superar. Este nuevo disco está planteado como una obra unitaria presentada en una sola pista, algo que no solamente es innecesario para la cohesión interna, bien asegurada por la sólida composición, sino que además resulta muy poco práctico para la comodidad de la escucha. Si por momentos North era excesivamente suave y meloso, este álbum lo es mucho más, alternando pasajes sobresalientes, de un black metal melódico altamente épico y emotivo, con otros muy inferiores, apoyados en recursos tan pobres y trillados como coros o seudoestribillos convencionales, guitarras acústicas y una melodía de estilo folk especialmente horrible, pasada la mitad del disco. El nivel compositivo y la coherencia estilística de siempre están aquí, pero el contenido no es nada que el hechicero de los hielos no haya hecho antes en una mejor versión.


 Voivod - The Wake (Century Media) 

 Tras tomarse el tiempo necesario, los legendarios quebequeses están de vuelta con un nuevo larga duración en la misma onda que su anterior EP Post Society, con su clásica fusión de speed metal y punk con estructuras progresivas. La diferencia con aquella obra menor es que, a pesar de compartir la misma fórmula exitosa que se deja imbuir por el rock más moderno para revitalizar su sonido, esta vez los temas son más amables y menos agresivos, dejando el elemento puramente metálico en un plano excesivamente secundario, y resultando algo menos memorables que, por ejemplo, “Forever Mountain” o el homónimo “Post Society”. No obstante, Voivod rara vez han decepcionado en su larga carrera y búsqueda constante de nuevas formas de expresión, y este disco no es una excepción: las canciones son buenas y se dejan disfrutar, y conforman un conjunto muy sólido que en este caso puede escucharse más bien como álbum de rock, sin que ello empañe la experiencia.





Belisario 2019

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