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OCTUBRE DE 2018 - DISCO DEL MES:
MØRKETIDA - PANPHAGE MYSTICISM (2018)


 He aquí otra entrada de este año, que nos ha sorprendido positivamente pese a su engañosa apariencia trivial e indistinta. Viene firmada por Mørketida, un grupo de black metal prácticamente desconocido hasta la fecha y afincado en Laitila, un pequeño municipio de la Finlandia suroccidental, a medio camino entre Turku y Rauma, es decir, en mitad de ninguna parte o, como dirían por allá, keskellä ei mitään. La formación está compuesta por tan sólo dos individuos, con la ayuda de un tercer miembro de sesión, lo que constituye un núcleo compacto pero lo suficientemente amplio como para evitar las carencias habituales de los proyectos unipersonales típicos del género. Panphage Mysticism es su primer disco, y pese a su breve duración es el fruto de más de un lustro de trabajo, cosa que puede advertirse en lo conciso y pulido de su fórmula. No encontraremos aquí nada realmente revolucionario, pero sí una nueva reinterpretación de elementos reconocibles que consigue configurar un contexto propio y dar voz a un mensaje único e intransferible.


Mørketida - Panphage Mysticism (Werewolf Records, 2018)


 Tras una corta introducción, en la que puede oírse un ruido estridente y casi sobrenatural que parece provenir de un violín tocado por el mismísimo Erich Zann, el grupo entra directamente en materia con un black metal lento y cadencioso que no varía en gran medida a lo largo de todo el álbum. El estilo suena viejo pero sin serlo, ya que a diferencia de otros debuts recientes, como el de Moenen of Xezbeth, o el disco de Krolok del año pasado, no estamos ante una propuesta que copie al pie de la letra las fórmulas del pasado con el mero afán de recrearse en ellas, sino que aquí las técnicas convencionales se reutilizan para generar algo netamente distinto. La referencia más inmediata sería el proto-black europeo, principalmente griego o checo, pero sin emular a ningún nombre en concreto. En realidad, la comparación más precisa que puede establecerse sería con los temas más lentos de sus compatriotas Musta Surma, aunque con notables diferencias de sonido y ejecución. Lo que es indiscutible es que no hay aquí ni rastro de innovación formal, pero esto no debe llevarnos a una falsa impresión inicial de conservadurismo estéril.

 Las canciones de Mørketida poseen la majestuosidad de los clásicos sin limitarse a esbozar una burda copia de sus virtudes. Ningún tema es excesivamente largo, cosa que beneficia a esta propuesta al distanciarla claramente del “bedroomblack metal más pobre y redundante. En su lugar, el grupo no se complica demasiado y va directamente al grano, seleccionando un puñado de técnicas concretas dentro del arsenal metálico para expresar su visión sin sobrecarga ni relleno, lo que produce excelentes resultados, a imagen y semejanza de la portada del álbum, tan sencilla como impactante. Cabe destacar también el uso modesto pero eficaz de los teclados, empleados como útil apuntalamiento ocasional, y el espectacular solo de bajo que emerge en el único corte instrumental, un recurso tan inusual como sorprendente. Los cambios de ritmo son muy contados, lo que lejos de redundar en pobreza musical crea un efecto amplificado merced a su estricta dosificación. A pesar de la relativa homogeneidad y lo limitado de los recursos, existe cierta variedad de formas en un formato musical que es prácticamente instrumental salvo por las voces dispersas, que pasan casi desapercibidas al estar muy sumergidas en una mezcla espesa y potente en la que la sección rítmica ocupa el espacio central y disputa el protagonismo a las guitarras, que se oyen nítidas pero distantes.



 El mayor acierto de Panphage Mysticism es su lograda atmósfera, que surge no tanto de determinadas opciones de sonido o afinación como de un enfoque compositivo centrado en progresiones lentas y sutiles o repeticiones de efecto hipnótico que envuelven al oyente en una experiencia densa y sofocante, semejante a las distintas fases de un sueño especialmente profundo, con la narración de historias de una oscuridad antigua y enigmática cuya presencia se hace manifiesta sin necesidad de percibirla con claridad. Las letras corroboran estas impresiones, adoptando la forma de invocaciones en lo que parece un ritual satánico, y están escritas en un inglés sucinto y ligeramente torpe, lo que en este caso paradójicamente aporta un toque exótico con no poco encanto. Casi todas las canciones repiten melodías sencillas y monótonas que no parecen tener gran trascendencia hasta que el disco termina, mucho antes de lo esperado, con el mismo violín de ultratumba del comienzo, y uno se percata de que el hechizo ha calado hondo, abriendo brevemente las puertas de un mundo sombrío y fantasmagórico y volviendo a cerrarlas de golpe, cuando los sentidos apenas empezaban a acostumbrarse. Esa es la magia de un álbum que gana con cada escucha y ofrece cada vez nuevas sensaciones y hallazgos, bajo una taimada apariencia de black metal dócil y anodino.


Belisario, noviembre de 2018





Belisario 2018

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