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MARZO DE 2020 - CONCRETE WINDS - PRIMITIVE FORCE (2019)


 A falta de discos nuevos de categoría para poder comentar en este inicio de año, retomamos otro de los álbumes de 2019 al que no prestamos la debida atención en su momento. Primitive Force es el disco debut del conjunto finlandés Concrete Winds, una formación de nuevo cuño que surgió tras la disolución de Vorum hace tan sólo dos años. Este último grupo practicaba un death/black competente pero un tanto genérico, no demasiado sorprendente, presentando la particularidad de operar desde un lugar tan inusual como las Islas de Åland, un archipiélago autónomo ubicado entre Suecia y Finlandia, lo que explica los vínculos de sus músicos con formaciones de ambas escenas. El nuevo proyecto, por su parte, está radicado en la Finlandia continental, y lo que lo hace especial es el hecho de haber adoptado como influencia principal a Necrovore, un grupo un tanto desconocido a día de hoy, englobado dentro de la hornada de proto-death estadounidense de mediados/finales de los ochenta, en la que figuraban también nombres como Death o Possessed. Eso explica el estilo primitivo y machacón, que los finlandeses saben desarrollar y hacer suyo para conferirle un nuevo ímpetu y una identidad renovada.


Concrete Winds - Primitive Force (Sepulchral Voice, 2019)


 Cuando Vorum decidió disolverse en 2018, dos de sus miembros optaron por seguir adelante, adoptando un enfoque tan inusual como digno de elogio: en lugar de seguir haciendo más de lo mismo bajo un nuevo nombre, decidieron radicalizarse y pasar al siguiente nivel de agresividad y contundencia. Encontraron su camino retomando una vía poco explorada, la definida por Necrovore en su maqueta Divus de Mortuus, la principal publicación dentro de la discografía de este grupo, tan sumamente escasa como altamente influyente en la época en la que los estilos extremos del metal estaban aún definiéndose. Pese a haber dejado huella en buena parte del death metal que surgió a continuación, hay pocos grupos que hayan seguido directamente esa misma fórmula que convertía el thrash metal ochentero en algo más oscuro, acelerado y salvaje, un metal underground en estado puro, tanto a nivel de sonido como de actitud y formato. Concrete Winds parte de ese estilo otorgándole un toque más “moderno” en el buen sentido, es decir, volviéndolo más rápido y compacto y dotándolo de una producción más pesada, explorando al mismo tiempo todas las posibilidades abiertas por Necrovore y tratando de desarrollarlas, en lugar de limitarse a ser una vulgar copia. Eso es algo que parcialmente ya trató de hacer Degial, un grupo sueco muy vinculado a Vorum, pero aquí el enfoque es más puro y original.

 El método empleado aquí es de lo más simple: riffs angulares sencillos que se suceden a gran velocidad, creando una atmósfera de urgencia y tensión, combinados con solos veloces y acerados y rugidos desgarrados que se arremolinan alrededor. El sonido se escucha un poco saturado, sobre todo en el terreno de la percusión, pero más que un defecto esto supone una contribución a la sensación de confusión y martilleo constante. Pero lo más destacable seguramente sea el esfuerzo de concisión y minimalismo al crear canciones muy cortas, casi todas con poco más de dos minutos de duración, que no obstante presentan una increíble variedad. Por fortuna, esto no es ferocidad plana y gratuita al estilo del brutal death, sino que todo está bien equilibrado y controlado, lo que se nota en las ágiles alternancias y la variación casi constante. En este último aspecto se llega incluso a pecar por exceso, como en la quinta pista (“Tyrant Pulse”), en la que el ritmo parece oscilar entre speed metal y música disco, pero por lo general se trata de un rasgo positivo. En su apuesta minimalista, el grupo evita también el peor defecto del war metal, la repetición constante y monótona, exhibiendo una potencia y fiereza comparables pero añadiendo una variedad de elementos amplia e imaginativa.



 A diferencia de otras formaciones con una visión más centrada o conceptual, Concrete Winds no parece querer expresar ningún mensaje concreto más allá de una agresividad total, dejándose llevar por una pulsión o una rabia irracional. Esto redunda en música elemental y carnívora, pero también muy eficaz, que llama la atención, entre otras cosas, porque en la actualidad no hay demasiados grupos que suenen así. Sin embargo, su mérito estriba sobre todo en haber sabido llegar a una fórmula que es compacta y liviana a la vez, sin duda fruto de la experiencia de unos músicos ya veteranos que saben ir directamente al grano. No le faltará razón a quien señale que este material no es totalmente original, ni tampoco algo que nunca se haya oído antes, pero lo cierto es que eso podría afirmarse de prácticamente cualquier grupo de metal del siglo XXI, incluidos los más destacados. Entre estos últimos, los más interesantes suelen tener en común el hecho de partir de influencias más antiguas para construir algo que trata de desarrollar personalidad propia, lo que en este caso se consigue en buena medida. Es difícil especular con la futura evolución después de este debut, pero para ser una primera publicación esto es altamente sólido y disfrutable.


Belisario, marzo de 2020





Belisario 2020

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