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JULIO DE 2021 - DRAWN AND QUARTERED -
CONGREGATION PESTILENCE (2021)


 Al escuchar este disco durante las últimas semanas me he acordado de la primera vez que oí a este grupo, allá cuando sacaron su álbum de 2012, Feeding Hell’s Furnace. Por aquel entonces, su inclusión en la lista de lo mejor del año de deathmetal.org, traducida en estas mismas páginas, fue al parecer motivo de mofa entre algunos sectores, que consideraban que un grupo tan inmovilista y conservador no debía ser objeto de encendidos elogios en plena época de auge del post-black metal. Casi diez años más tarde, el post-black ya es otra de esas modas pasajeras que dan más vergüenza que otra cosa pasados unos pocos años desde su momento álgido, mientras que Drawn and Quartered están de vuelta con otro disco en la misma línea tradicionalista que no solamente añade variación y evolución, sino que tal vez sea el mejor que ha sacado esta longeva formación hasta la fecha. Parece que el tiempo ha dado la razón a su planteamiento tan honesto como entregado, y a algunos nos reafirma en nuestra concepción de lo que es metal bueno que merece la pena al margen de las modas y lo que es novedad transitoria destinada a pudrirse en la orilla hasta la siguiente marea.


Drawn and Quartered - Congregation Pestilence (Krucyator Productions, 2021)


 Aunque podamos afirmar en gran medida que Congregation Pestilence se enmarca dentro de la misma línea seguida por Drawn and Quartered desde sus comienzos, eso supondría obviar lo mucho que se ha depurado la fórmula desde su primera encarnación, potente pero muy basta, en su debut To Kill is Human (1999). Desde entonces, el grupo ha aprendido a alternar los asaltos frontales con sutiles cambios de ritmo, y a variar las estructuras hasta obtener canciones totalmente individualizadas. Su música sigue siendo un death metal cromático pesado y agresivo, cuya apariencia hostil esconde un funcionamiento interno por medio de pequeñas melodías sencillas que convergen entre sí, repitiéndose varias veces con ligeros cambios de forma, y constituyendo al mismo tiempo la columna vertebral y el hilo conductor. Como en el disco anterior, The One Who Lurks, las melodías vienen hilvanadas por desgarrados solos disonantes de guitarra, que rodean y dan cuerpo a las melodías cromáticas, otorgando al conjunto un impulso y un carácter definitorios, con una seguridad más patente que nunca.

 Pese a lo que podría parecer, los solos combinan siempre muy bien con los robustos riffs de las guitarras rítmicas, manteniendo una coherencia formal que se respeta durante el álbum entero. Además, el grupo no tiene miedo a experimentar con el contenido de cada canción, incorporando recursos muy dispares que no solamente agradan al oído sino que también aportan la frescura de la novedad. Estas formas de las que hablamos son reconocibles a un nivel más estructural que estético, lo que significa que externamente el enfoque puede resultar a veces un tanto monótono debido a las limitaciones del estilo, que el grupo abraza no obstante sin ningún remordimiento, demostrando que puede haber vida y variedad hasta en un death metal construido a partir de elementos de lo más básico. Una muestra de esto son los comienzos de las canciones, muy distintos entre sí, algunos arrancando en quinta y otros a un mesurado medio tiempo, determinando en buena parte lo que sucede después.


CONGREGATION PESTILENCE EN BANDCAMP


 En una propuesta con una estética tan limitada, los matices tan sólo se empiezan a percibir después de varias escuchas, por debajo del matraqueo y la agresión casi constantes. Los cambios de ritmo son tan naturales y fluidos que uno casi no se percata de ellos, como ocurre con los formatos de canción poco convencionales, de los que “Age of Ignorance” es un buen ejemplo: un inicio veloz y salvaje da paso a una melodía repetitiva e hipnótica que se va desplegando paulatinamente hasta acabar cerrando la pista. Detalles subyacentes como estos son los que fomentan las escuchas reiteradas, y revelan el denso contenido concentrado que encierra el disco. Con ello queda claro que estos músicos no se duermen en los laureles, sino que se esfuerzan por crear música que suene al mismo tiempo similar y distinta a la de sus álbumes anteriores, compitiendo exclusivamente con sí mismos por lograr una realización más rica, firme y completa de su propia visión. En Congregation Pestilence lo han conseguido, y de qué manera.


Belisario, agosto de 2021





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