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Introducción al black metal


Dedicado a H.


 La gran mayoría de artículos de esta web está dirigida a lectores con un cierto conocimiento del metal extremo o del heavy metal en general, o que al menos alberguen un interés específico por sendas corrientes musicales. Sin embargo, tras múltiples conversaciones con distintas personas ajenas al género, he sentido la necesidad de redactar un pequeño manual para principiantes a modo de introducción al black metal, de manera que visitantes absolutamente legos puedan, si no apreciar, al menos conocer una manifestación artística que por lo general se muestra muy inaccesible para los no iniciados.

 El black metal no es un género fácil. El extremismo con el que aborda sus temas, su naturaleza de radicalización de las fórmulas del heavy metal de las que desciende, ya de por sí agresivas, hacen de él uno de los tipos de música más difíciles de disfrutar si no se dispone de inclinación previa. Sin embargo, como fenómeno diverso que es, en comparación con otros tipos de metal, es posible quizá acceder a él a través de sus ramificaciones híbridas, más reconocibles y menos crudas, o mediante un itinerario puramente cronológico, al modo científico.

 A continuación, propongo una somera introducción al “negro metal” a través de un recorrido que es a la vez histórico y paulatino. A diferencia de la mayoría de estilos musicales, en las que los álbumes son un mero pretexto para rellenar un CD con caras B mediocres y sacar más dinero por los sencillos, el metal funciona mediante discos que deben escucharse en su integridad para poder captar la esencia, porque, cuando éstos son buenos, se trata de entes unitarios, indivisibles, y no de una colección de canciones sueltas.

 Comenzaremos con aquellos discos que pueden suponer un puente hacia el black metal por presentar elementos más “convencionales” o al menos exógenos, para seguir con varias referencias a los orígenes del proto-black metal ochentero, una exposición de los clásicos del black metal moderno y por último una ilustración de las distintas derivas posteriores del mismo.



    Puntos de partida

 Por diversos motivos, estos discos presentan características que pueden hacerlos más accesibles o digeribles para un público más amplio. Eso no significa que resulten una versión edulcorada del género ni mucho menos, tan sólo constituyen posibles puntos de partida menos opacos para quien desee iniciarse en un panorama que le es ajeno.



Immortal - 1999 - At the Heart of Winter

 Después de unos primeros álbumes en los que exploraban toda la crudeza del blast beat y de unos acordes gélidos y cortantes, los noruegos Immortal optaron por revisar su estilo en clave heavy metal, aminorando el ritmo y empleando estructuras más reconocibles, pero manteniendo intacta la creatividad a la hora de componer riffs y la majestuosidad de sus sonoridades. Aunque esta fórmula acabara devaluándose en discos posteriores debido a la sobreexplotación, este disco permanece por sus propios méritos como un digno y exitoso intento de abrir el black metal a un público más amplio.


Primordial - 1998 - A Journey's End

 Provenientes de una escena tan remota como poco fecunda, estos irlandeses consiguieron fraguarse una voz personal tiñendo su black metal paganizante con melodías y estructuras de la música popular de su país, cargadas de melancolía y orgullosa amargura. De riffs potentes y épicos, su empleo de medios tiempos y hermosas voces claras los hacen accesibles para un oyente medio sin temor a verse expuesto a vejatorias concesiones estilísticas.


Lord Wind - 1998 - Forgotten Songs

 Proyecto paralelo de Rob Darken, más conocido como Graveland, cuyo propósito es reinterpretar su propio estilo pagan metal en clave folk. Guitarras orientales, percusión hipnótica, teclados majestuosos y voces de ultratumba configuran una atmósfera ritual épica y envolvente que bien pudiera ser la banda sonora de una película de Conan el bárbaro. Esta es la cara oculta de la música popular, una pulsión nostálgica, profunda y hermosa que también late, de forma críptica, dentro del black metal más canónico.


Beherit - 1996 - Electric Doom Synthesis

 Este disco es producto de un fracaso. Al desertar los demás miembros del grupo, su líder decidió seguir adelante, utilizando para ello los medios electrónicos para suplir la ausencia de músicos. De ello salieron estos sonidos ambientales, orgánicos y enigmáticos, extrapolación de un black metal oscuro y críptico, un viaje por espacios herméticos e inquietantes de sonoridades industriales, prueba fehaciente de que la música es un lenguaje interpretable que puede traducirse a múltiples idiomas o estilos sin perder su carga expresiva.


Burzum - 1996 - Filosofem

 Después de desgranar la esencia del nuevo black metal noruego en sus primeros discos, y antes de lanzarse a la composición puramente electrónica, el proyecto de Varg Vikernes dio a luz esta criatura híbrida, disolución de la primigenia épica narrativa y melancólica en medios tiempos y ritmos ambientales, una estrecha pasarela al mundo onírico y evocador de su creador. Sin ceder en intensidad ni traicionar los principios del género, Filosofem es una maniobra de acercamiento al rock por parte de un estilo agresivo y díscolo que no sale de ella mermado ni mutilado, sino enriquecido.


Dimmu Borgir - 1996 - Stormblåst

 Dimmu Borgir son de sobra conocidos entre todos aquellos fans del metal que, en su ligera curiosidad por sonidos más “fuertes”, no son capaces de ir más allá de quienes les traen esa idea que se hacen del black y el death metal en una versión domesticada, mascadita, tan vana como apta para todos los públicos. Pero antes de convertirse en lo que hoy en día son, estos noruegos hacían música melódica y repujada, edulcorada pero vibrante, una cara amable de la fuerza melancólica que invariablemente da fuelle al black metal. Sus líneas de teclado, sus ritmos lentos e intimistas son una expresión luminosa y clara de la sombría nostalgia que canalizan compatriotas suyos como Gorgoroth, Darkthrone o Emperor en una vertiente más cruda.



    Los orígenes

 El black metal no nació en Noruega. Con anterioridad a 1990, dicho apelativo se empleó en distintas ocasiones para referirse a grupos variados y un tanto inconexos, que por lo general militaban dentro de la vanguardia del metal extremo ochentero, en el que las fronteras entre subgéneros eran aún poco claras, y ningún grupo se despegaba del todo de los orígenes speed/thrash metal que les eran comunes.



Venom - 1981 - Welcome to Hell

 Las raíces del black metal se remontan a este grupo de Newcastle, el primero en abordar la temática satánica en una vertiente seria y oscura, que daría nombre al género con el título de su segundo álbum. Criticado mucho más tarde por algunos por su “falso satanismo” y superficialidad, Venom son un grupo esencial por haber logrado aunar el incipiente sonido de la New Wave of British Heavy Metal con la estética ocultista en un exitoso y dinámico cóctel que rompió moldes y levantó ampollas a los cristianos más conservadores. Hijos directos del heavy metal entreverado de punk de unos Motörhead, Venom destacan por su asalto de riffs distorsionados y potentes y la voz ronca y fuerte de su cantante como uno de los grupos más duros de su tiempo, a medio camino entre el metal tardosetentero británico y el posterior thrash metal estadounidense, pero es sobre todo la omnipresencia del satanismo en sus canciones lo que, a pesar de que este resulte relativamente inofensivo, influyó decisivamente en el metal que vendría después.


Celtic Frost - 1985 - Morbid Tales/Emperor's Return

 Estos dos EPs, originalmente publicados por separado, acabaron por juntarse en posteriores reediciones debido a su similitud y complementariedad. Se trata del primer asalto de Celtic Frost, recomposición madura de unos Hellhammer de corta vida, grupo que revolucionó el panorama del metal underground. En estas canciones intensas y dinámicas, los suizos llevaron el heavy metal a un nivel superior, engendrando, sin disminuir la agresividad, una narrativa épica hasta entonces ignota en el género, con temas de oscura y mitológica grandeza en los que riffs potentes y directos se amplían en estructuras más complejas para expresar la idea de una majestuosidad decadente, conceptos que recogerían todos y cada uno de los grupos que reivindicaron el black metal en los años posteriores.


Sodom - 1986 - Obsessed by Cruelty

 Aunque desde hace tiempo sean más conocidos por su actual thrash metal salvaje y sin concesiones, Sodom fue también, a mediados de los ochenta, un grupo pionero que experimentó con lo que por aquel entonces se empezaba a llamar black metal, una radicalización de la fórmula más primitiva del thrash bañada en tintes oscuros, al estilo de Hellhammer, influencia ineludible para todos los músicos europeos con ansias de extremismo de aquel entonces. Este álbum es un interesante término medio entre la explosión inicial y desordenada del In the Sign of Evil y el speed metal más definido del Persecution Mania. Se trata de un heavy metal virulento y veloz cuya reiteración de trémolos, batería implacable y voz infernal, un paso más allá de compatriotas suyos de aspiraciones similares como Destruction o Kreator, son un preludio del black metal que vendría después.


Sarcófago - 1987 - I.N.R.I

 A mediados de los ochenta vieron la luz en Brasil dos grupos de capital importancia para el desarrollo del metal extremo: Sepultura y Sarcófago. Mientras que los primeros fueron uno de los pioneros del incipiente death metal, los segundos optaron por un formato más rudimentario y caótico, en la estela de los pioneros europeos del proto-black/death metal, incorporando sistemáticamente la técnica del blast beat o barrido de batería y liberando a los temas de su clásico sometimiento a los patrones de batería, rompiendo de esta forma con el thrash metal en la medida en que los riffs ya no quedaban entrecortados y se convertían en motor del dinamismo de los temas, junto con una voz que era ya puro desgarro diabólico. Las canciones de Sarcófago, con referencias explícitas y entremezcladas al sexo y al satanismo, forman parte indiscutible de la música más blasfema grabada en toda la década.


Bathory - 1988 - Blood Fire Death

 Los suecos Bathory lograron dos grandes hazañas con este álbum, por una parte abandonaron la producción zarrapastrosa que les había acompañado durante sus tres primeros discos y lograron un sonido relativamente decente para este cuarto asalto, por otra, mucho más importante, se despegaron del speed metal ultraveloz e implacable practicado a rajatabla hasta entonces para incorporar ritmos más pausados, más majestuosos, que dotaban a su música de una cierta complejidad narrativa, de mayor profundidad y de una sensibilidad neoclasicista ya esbozada por Celtic Frost unos años antes. Significativamente, el disco supone también un giro en la temática: de la omnipresencia del satanismo y el ocultismo se pasa a una reivindicación de la mitología nórdica que no haría sino acrecentarse con los trabajos posteriores hasta eclipsar todos los demás temas. Blood Fire Death no es solamente uno de los discos más cañeros de toda la década, también fue la puerta de entrada a los mitos germánicos de toda la generación de black metal nórdico nacida al calor de estas intensísimas canciones.


Root - 1990 - Zjevení

 Estos checos son un buen ejemplo del black metal tardo-ochentero que se practicaba en la Europa Central antes del advenimiento de la escena noruega, representado por un puñado de grupos imaginativos y sin tabúes, como Tormentor o Master’s Hammer. Root son bastante representativos de lo que supone ser un grupo underground de los de antaño, pues tocaban “música satánica” cuando poca gente se atrevía a oír algo que llegara bajo ese nombre, y además, lo hacían en la lengua minoritaria e impenetrable de su nación. En Zjevení se junta una atmósfera de ritual con un heavy metal denso y pesado, que oscila entre riffs sencillos y narrativos, partes teatralizadas e intensos pasajes de blast beat, en lo que viene a ser un claro antepasado inmediato, escasamente conocido, de la fórmula noruega.



    Los clásicos

 El black metal noruego de principios de los noventa difiere considerablemente de lo que se practicaba anteriormente bajo ese nombre, tanto a nivel de temática como de estructura y técnicas. La eclosión de esta escena es el hecho más relevante de la historia del metal en los últimos veinte años, y sin lugar a dudas se trata del último gran hito marcado por el género. Los grupos más relevantes fueron un puñado de jóvenes noruegos que entre 1991 y 1995 publicaron los álbumes que después se han escuchado, alabado y emulado hasta la extenuación.



Burzum - 1993 - Hvis Lyset Tar Oss

 Considerado por muchos la obra maestra de Burzum e incluso el mejor disco de la historia del black metal, este álbum se distingue de los precedentes del mismo autor por la marcada influencia neoclásica, que termina de penetrar sutilmente en el rudimentario metal que sirve de materia prima, despertando una vocación ambiental, grandilocuente, trascendental, que logra equiparar la limitada instrumentación heredada del rock con la música culta en su deseo de ser un reflejo de las profundidades del mundo y del alma. En lo musical, se trata del primer disco de metal extremo verdaderamente atmosférico, que aprovecha las estructuras cíclicas y fluidas del black metal noruego y su enfoque melódico para remitir a una mítica e imprecisa tierra de los sueños, triste y hermosa. Probablemente el producto más refinado y coherente en salir de toda la nebulosa de grupos noruegos de la primera hornada, Hvis Lyset Tar Oss encarna como nadie el mensaje más esencial del género, un contenido que no caduca, a saber, el rechazo romántico del mundo moderno y de su falta de valores y espiritualidad por parte de la juventud alienada y desesperanzada de los años ochenta y noventa del siglo pasado.


Immortal - 1993 - Pure Holocaust

 Dejando atrás la música oscura y melancólica de su debut, Diabolical Fullmoon Mysticism (1992), los de Bergen dieron el salto en este segundo álbum a una versión refinada de los Mayhem más densos, con profusión de blast beats de batería, riffs acerados y cruelmente distorsionados y la voz de cuervo infernal de su cantante. Gracias a este trabajo, estilísticamente se colocaron a la cabeza de la nueva ola de black metal noruego, compaginando a la perfección toda su furia, controlada a duras penas por una técnica sin fallas, con la mitología gélida y apocalíptica que les servía de inspiración. No hay interludios en este disco, ni momento alguno para un respiro, como sugiere el título, tan sólo temas vibrantes e intensísimos que con sus sombrías melodías y estructuras arrolladoras construyen un conjunto monolítico altivo y solemne.


Emperor - 1994 - In the Nightside Eclipse

 Probablemente el grupo de black metal más original de toda la escuela noruega, estos chicos de Telemark se empaparon de música de todos los estilos antes de dedicarse a la tarea nada modesta de fusionar un metal básico y agresivo con la fuerza de la música clásica más poderosa. In the Nightside Eclipse es el mejor ejemplo del éxito de esta empresa, llevada a cabo con exquisito tacto y habilidad. Construidas sobre acordes de guitarra que se van desgranando en recombinaciones de las mismas notas, las canciones se dejan arrastrar por unos teclados majestuosos y una percusión repetitiva, coronadas por una voz teatral que supone un correcto contrapunto a unos paisajes sonoros absolutamente épicos, dinámicos, de una intensidad y una belleza sublimes. Bautizado con un nombre que viene como anillo al dedo a esta música ambiciosa y de altos vuelos, el grupo explota en este disco toda la fuerza expresiva de su metal extremo erudito y romántico, convirtiéndose, con sus metáforas de oscuridad y voluntad de poder, en fuente de inspiración vivísima para sus oyentes, y referente para todos los grupos posteriores que se tomaron en serio las posibilidades del teclado electrónico.


Darkthrone - 1994 - Transilvanian Hunger

 He aquí el disco más puro de todos los clásicos del black metal moderno, y también el más influyente, a juzgar por la inmensa cantidad de grupos que han querido sonar como él. Estas canciones son una radicalización extrema de la fórmula inicial, donde todos los elementos alcanzan un paroxismo totalmente minimalista, que oculta hábilmente lo complejo de su construcción y diseño. Los temas se dejan dominar por la omnipotencia de unas melodías que los surcan de principio a fin, tejidas sobre un fondo percusivo infatigable sobre el que se dejan caer unas letras rugidas casi íntegramente en noruego. Simple y efectiva, esta música da la espalda a todos los coqueteos heterodoxos de otros grupos de la misma escena para centrarse en la esencia más caótica, cruda y poderosa que impregna el estilo, reflejo de la fuerza brutal, incontrolable y amoral del mundo natural que nos rodea, marcando con ello un hito de intensidad no superado hasta la fecha.


Enslaved - 1993 - Vikingligr Veldi

 Relegados a un incomprensible segundo puesto con respecto a compatriotas suyos más populares, Enslaved son indiscutiblemente uno de los pilares de la ola noruega de black metal moderno. Vikingligr Veldi, su primer LP, presenta una curiosa mezcla de frescura y madurez; madurez en la rica composición y la espesura de sus temas y motivaciones, frescura en la ligereza de la ejecución y lo compacto de la fórmula. Sobre un fondo áspero de furiosas guitarras y blast beat impenitente, el grupo abraza un gusto neoclásico por la épica que se manifiesta en la longitud de las pistas y su inequívoco carácter reiterativo, reflejo del ciclo de la vida tanto como de las antiguas deidades. A la mezcla se unen influencias progresivas y evocaciones naturalistas en forma y fondo, que permiten concebir este álbum no sólo como una descarga de energía inspirada en la cruenta mitología nórdica, sino como una evocación sutil y lúcida de las dualidades y abruptos contrastes de la existencia en el mundo natural. Quizá uno de los álbumes más redondos de la escena noruega junto con Hvis Lyset Tar Oss, con los años no ha perdido un ápice de su poder inspirador.


Mayhem - 1994 - De Mysteriis Dom Sathanas

 Como álbum, De Mysteriis Dom Sathanas llegó demasiado tarde como para causar un verdadero impacto, pero no por ello dejó de convertirse en un clásico clonado hasta la saciedad. Su importancia radica en los temas que le dan cuerpo, compuestos con anterioridad e inspiradores directos de todo el black metal moderno. Mayhem fue el primer grupo que dio el salto del proto-black/thrash metal ochentero, que arrastraba aún la herencia palpable del blues, a un concepto más ambicioso y complejo a pesar de su aparente sencillez, un nuevo mundo oscuro y evocador, una conciencia misantrópica y violenta, una fórmula musical basada en melodías expresivas y en una estética extrema. Este disco encierra todas las claves que hicieron del black metal un estilo tan aterrador como atrayente, incluyendo las guitarras disonantes de Euronymous con su enfoque rítmico y cíclico, la percusión atronadora de Hellhammer y las voces de profeta del mal con las que un correcto y teatral Attila Csihar toma digno relevo del mítico Dead. Lo que tenemos aquí es, por decirlo en pocas palabras, la forja de un género, y a ello, además de a una producción compacta y contundente, se debe que en estas canciones pueda oírse la misma frescura y temeridad de los primeros días.



    Los distintos subgéneros

 La influencia de los noruegos fue decisiva, y aunque con anterioridad y simultáneamente existieron escenas y subgéneros distintos, en mayor o menor medida todos recibieron su impacto. A pesar de ello, por sus características musicales, el black metal permitía mayor margen de maniobra, lo que determinó que muchos grupos de otros países sonaran de forma considerablemente distinta, en comparación con la relativa homogeneidad de las formaciones de thrash o heavy metal. Entre ellos, algunos alcanzaron tales cotas de originalidad y calidad artística que merecen ser reseñados en pie de igualdad con los primeros.



Graveland - 1995 - Thousand Swords - pagan metal

 Hoy en día el concepto “pagan metal” integra una vasta variedad de tipos de heavy metal cuyo laxo denominador común es el hecho de estar inspirados en el paganismo. El primero que usó este término, sin embargo, fue Rob Darken de Graveland, quien bautizó así a su mezcolanza de crudo black metal con música folk, y esa es por tanto la acepción que usamos en esta página. Después de experimentar con el potencial melódico de los teclados electrónicos en Carpathian Wolves y The Celtic Winter, en Thousand Swords el énfasis se pone en la combinación entre ritmos y estructuras folk y la capacidad expresiva ambiental e hipnótica de las guitarras del metal negro. La percusión es minimalista y totalmente orgánica, las voces son como susurros rasgados que acompañan la progresión de unas líneas de melodía que suben y descienden alternativamente, en constante y fluido avance, exudando ferocidad y belleza en partes iguales, lo que dio origen a lo que quizá es el subgénero de black metal más fresco y auténtico inventado hasta la fecha.


Sacramentum - 1995 - Far Away from the Sun - black metal melódico

 Afianzada la escena noruega de black metal a principios de los noventa, los grupos de ese estilo que surgieron con posterioridad en Suecia bebieron profusamente de ella y, en los mejores casos, realizaron una excelente y hermosa fusión entre las nuevas estructuras musicales de origen noruego y las técnicas de guitarra y percusión patentadas por el flamante death metal sueco, en un nuevo estilo que no tardaría en denominarse “black metal melódico (sueco)” o incluso black/death metal por la omnipresencia de las melodías en sus composiciones. Rápido, ligero y complejo, este subgénero sorprende por la expresividad de sus riffs y la habilidad técnica manifestada en los constantes cambios de ritmo, contrapuntos y juegos de armonía. Far Away from the Sun es la obra maestra de un subestilo que, al igual que el death metal sueco, cayó rápidamente en el tedio y el autoplagio, pero durante cierto tiempo logró ser noble y bello.


Ildjarn - 1995 - Det Frysende Nordariket - hardcore black metal

 El caso de Ildjarn es más el de un estilo propio que el de un subgénero per se, debido al hecho de carecer de posteridad. Sin embargo, es tan personal y característica la forma de hacer black metal de este grupo que merece una mención aparte en esta disección de las corrientes que derivaron de la fórmula inicial. Minimalista y feroz, el metal de Ildjarn es un híbrido de hardcore punk y metal extremo totalmente lo-fi, atrozmente casero incluso, que emplea la distorsión más estridente y los medios más rudimentarios con un afán ambiental. Requiere una gran dosis de paciencia sobreponerse a la percusión monótona, la simpleza de los riffs y lo crudo del sonido, especialmente teniendo en cuenta que este Det Frysende Nordariket, su primer larga duración, es una recopilación de canciones de tres maquetas distintas, a cual con peor producción, pero si esto se consigue, se accede como por arte de magia a la visión naturalista e intrépida de la vida que expresan estas canciones lineales y ariscas, mucho más allá de lo áspero de su envoltorio inmediato.


Blasphemy - 1990 - Fallen Angel of Doom - war metal

 Este es el único disco de este apartado en el que no se percibe la huella noruega, por motivos estrictamente cronológicos. Aunque ellos mismos no pertenezcan estrictamente a esa corriente por no existir ésta durante su época creativa, a Blasphemy se les adjudica de forma casi indiscutible la paternidad del mini-subgénero de black metal conocido como war metal, que abarca a distintos grupos especialmente rudimentarios esparcidos por todo el planeta, con dos epicentros en Oceanía (Bestial Warlust, Diocletian) y Canadá (Conqueror, Revenge). El nombre proviene exclusivamente de la temática bélica, por lo demás, se trata simplemente de black metal especialmente primitivo. Seguidores de la línea cruda de los primeros Bathory, estos canadienses se caracterizan por un sonido especialmente carnívoro, que como rasgo distintivo presenta un uso machacón y barredor de la batería, tocada a ráfagas a la manera del thrash metal clásico, con unas letras ladradas a toda velocidad con voz demoníaca, como si de una caótica y rabiosa fusión de speed y death metal se tratase. Este grupo, nacido en paralelo a la escena nórdica y prácticamente de forma aislada, fue esencial en el surgimiento de los grupos finlandeses, y es una influencia minoritaria pero constante, rastreable a lo largo de los cuatro lustros de historia del black metal. Fallen Angel of Doom, su disco debut, posiblemente fue durante cierto tiempo lo más duro que podía escucharse en el panorama del metal, y aunque se viera superado por la amplitud conceptual de discos posteriores dentro del mismo subgénero, su potencia jamás ha resultado desdeñable.


Summoning - 1996 - Dol Guldur - black metal épico

 El adjetivo “épico” es sumamente amplio y difuso, pero si hay un grupo de black metal que lo merezca como galardón ése es sin duda Summoning. Los vieneses son uno de los grupos más originales del género, utilizando con profusión los recursos de la música electrónica, en forma de teclados y samples, sobre una percusión programada y una base de guitarra distorsionada. Con sus versos de inspiración tolkieniana como poético remate, sus largas canciones dibujan paisajes míticos, majestuosos y bellos, que hacen volar la imaginación y cautivan los sentidos. Estos músicos excepcionales y visionarios han ido perfeccionando su estilo con el paso de los años, pero la bomba de originalidad que Dol Guldur supuso en una fecha tan temprana como 1996 es difícil de obviar, lo que lo convierte indiscutiblemente en uno de los mejores discos de black metal de todos los tiempos. Aún se esperan valientes que copien a Summoning en vez de a Darkthrone o Mayhem, para variar un poco.


Antaeus - 2000 - Cut Your Flesh and Worship Satan - raw black metal

 Antaeus son el claro ejemplo de fenómeno artístico que aparece cuando el género en el que opera ya está maduro, y se alza por encima de la masa indistinta e insípida de los demás aprendices exprimiendo lo mejor de la escuela asentada, utilizando sus enseñanzas para crear algo distinto con la misma raíz reconocible. Cut Your Flesh and Worship Satan vio la luz cuando estos parisinos ya tenían a sus espaldas un nutrido rastro de obras de menor calado, como suele ser práctica habitual en los grupos verdaderamente underground. En este disco, pasada ya la etapa clásica del género, encontramos un black metal crudísimo e impenitente, una reducción del estilo a un hilvanado de melodías caóticas y ráfagas de percusión que parecen ametralladoras, etiquetado a veces como raw black metal, aunque este apelativo no se aplica exclusivamente al grupo. A la fórmula de base se une un recurso personalísimo a las posibilidades del dark ambient electrónico para enlazar las pistas, y un cantante que es pura furia y desgarro. Pero el punto fuerte de Antaeus es que visiblemente parten de un concepto, como es el sufrimiento, expresado a través de metáforas satánicas, corporales (el título del álbum es elocuente al respecto) y sobre todo musicales, para componer su música, al contrario que los grupos mediocres, que siguen el camino opuesto, no pudiendo casar su música genérica con ninguna idea más que de forma artificial y torpe. Este primer disco, como sus sucesores, expresa pura angustia y dolor de la forma más descarnada, pero es en éste donde la imagen resulta más vívida y fresca, más sorprendente y auténtica a un tiempo.


Belisario, marzo de 2011





Belisario 2011

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