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SEPTIEMBRE DE 2020 -
PAYSAGE D'HIVER - IM WALD (2020)


 Las one-man-bands de black metal son como las setas del bosque en otoño: puede haberlas a montones, pero conviene abordarlas con sumo cuidado y conocimiento para evitar escoger las que no se comen o, peor aún, acabar envenenado. No en vano son el tipo de grupo más fácil, barato y agradecido de montar, y tienen su pequeño nicho de mercado escasamente exigente en el que colocar sus publicaciones. Tanto es así, que los hay quienes llaman al subestilo “bedroom black metal”, y no sin razón. Sin embargo, algunas de ellas sí que salen buenas, y además tienen un largo historial a sus espaldas para demostrarlo, como es el caso de la formación suiza Paysage d'Hiver, una de las pocas que entiende el término “atmosférico” como sinónimo de inmersión convincente en lugar de reiteración simplona y vacía.

 Después de más de veinte años sacando demos muy decentes, su único miembro, conocido como Wintherr, se ha decidido por fin por el formato largo con el título Im Wald, editado como de costumbre por la discográfica Kunsthall Produktionen, que básicamente se limita a ser la base de operaciones del grupo desde sus inicios, con un espíritu tan DIY como la propia música. En este caso, hablar de “formato largo” es una mera formalidad, ya que Paysage d'Hiver nunca ha tenido problema en sacar maquetas de más de una hora de duración, pero al designarlo así, este disco adquiere una categoría de obra definitiva que lo distingue del resto de su discografía.


Paysage d'Hiver - Im Wald (Kunsthall Produktionen, 2020)


 Al abordarlo por primera vez, este álbum puede intimidar por su duración desmesurada, que se parece más a la de un recopilatorio en dos cedés que a un disco completo al uso. Sin embargo, sus larguísimas canciones no se hacen nada pesadas, y su estructura es tan liviana que transcurren y terminan antes de que uno pueda darse cuenta. Hay que decir que, si cada una de ellas durara la mitad, funcionarían igual de bien, pero entonces su efecto inmersivo no sería tan intenso y eficaz, y precisamente esa parece ser aquí la finalidad: recrear la sensación de un largo paseo invernal por el bosque, prácticamente sin ayuda de intros y samples ambientales, y con contados interludios, valiéndose únicamente de la majestuosidad de las composiciones y la densidad del sonido.

 Apuntaladas por riffs llamativos y logrados, las canciones se apoyan sobre una batería que, pese a no parecer programada, sí resulta monótona y poco destacable, pero el verdadero soporte son los teclados empleados en segundo plano, que ayudan y mucho a construir una atmósfera creíble y envolvente. Esto se ve reforzado por una producción casera espesa y neblinosa que funde todos los instrumentos y elementos en una misma voz que se escucha entre lejana y confusa, sin duda un recurso totalmente deliberado para buscar a través del sonido la misma ambientación generada por la propia música, que encuentra su eco en letras sencillas pero muy evocadoras, como lo son los títulos escuetos y sugerentes.

 La voluntad de esta música es claramente ambiental, pero el contenido está tan bien diseñado que funciona muy bien como black metal al uso, gracias a sus riffs potentes y evocadores y a melodías que podrían tararearse como si fueran las arias de una ópera, algo bastante infrecuente dentro de la variedad atmosférica. Más que a otras formaciones de dicho subestilo, este disco recuerda por momentos a las primeras canciones de Sorcier des Glaces, aunque con mayor énfasis en la cadencia que en la melodía, e incluso a los Moonblood del Taste Our German Steel!, si estos usaran los riffs para hacer metal ambiental en lugar de optar por un asalto frontal sin miramientos.




 Naturalmente hay mucha repetición, empleada como recurso fundamental y recurrente, pero esta no trata de atontar al oyente sumiéndole en un trance monótono e insípido, sino que su finalidad es intensificar la potencia condensada en cada una de las canciones. En ese sentido, la reiteración no es una forma de crear relleno, sino de aprovechar al máximo los elementos escasos pero esenciales que conforman la fórmula básica. Cada tema está muy bien estructurado pese a la simplicidad aparente, alternando secuencias ligeramente diferentes que hacen que su repetición no sea excesivamente plana, y jugando con las velocidades para maximizar el efecto de cada transición.

 Tras más de cuatro lustros de actividad, Wintherr es un creador experimentado que sabe bien lo que hace, y su metal atmosférico firmemente anclado en el black metal underground está muy por encima de casi cualquier otro proyecto de las mismas características en cuanto a expresividad, eficiencia y poder. Por la envergadura, cohesión y entidad de este álbum, podríamos estar hablando de la culminación de su estilo, tanto en términos de cantidad como de calidad. Quien no tenga la disponibilidad o la paciencia necesarias para prestarle dos horas seguidas puede optar por el formato fragmentado en dos cedés o cuatro vinilos, pero la fantástica experiencia sonora bien vale el tiempo invertido.


Belisario, septiembre de 2020





Belisario 2020

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